Existen momentos en los que nos gustaría mucho ayudar a quienes amamos, pero no podemos hacer nada: o las circunstancias no permiten que nos aproximemos, o la persona permanece cerrada ante cualquier gesto de solidaridad y apoyo. Entonces, sólo nos resta el amor.
En los momentos en que todo es inútil, aún podemos amar, sin esperar recompensas, o agradecimientos. Si conseguimos actuar de esta manera, la energía del amor empieza a transformar el universo que nos rodea. Como dice Henry Drummond: “El tiempo no transforma al hombre. El poder de la voluntad no transforma al hombre. Lo transforma el amor”.
El amor transforma, el amor cura. Pero a veces el amor construye trampas mortales, y termina destruyendo a la persona que decidió entregarse por completo. ¿Qué sentimiento complejo es éste que en el fondo, es la única razón para continuar vivos, luchando, y procurando mejorar? Sería una irresponsabilidad intentar definirlo porque, como todo el resto de los seres humanos, yo solamente consigo sentirlo.
Se escriben miles de libros, se estrenan obras teatrales, se producen películas, se crean poesías, se tallan esculturas basadas en el amor, pero a pesar de ello, todo lo que el artista puede transmitir es la idea de un sentimiento, pero no el sentimiento en sí mismo. No obstante, aprendí que este sentimiento está presente en las pequeñas cosas y se manifiesta en la más insignificante de las actitudes que tomamos; por lo tanto es necesario tener el amor siempre en mente cuando actuamos o dejamos de actuar.
