Ella no temía perderlo a él si no que le atemorizaba pensar que cuando él se fuera no tan solo no lo volvería a ver si no que al irse se estaría marchando con una parte de ella misma y eso no podía permitirselo, no podía aceptar que se lo robara al igual que un día aquel muchacho le robo el corazón. Por eso cuando su frágil voz le suplico:
- No te vayas.
Él solo la observo, la devoro con la mirada para dedicarle una sonrisa triunfante pues aquel ladrón no se iba con las manos vacías esta vez.
Y fue en ese momento que ella supo la verdad: él se había llevado su parte sencilla de amar y tal vez nunca más podría volver a hacerlo sin temor a fallar.
